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Hombres y violencia

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Noviembre, mes en que se conmemoró el día del hombre, cierra con el día por la eliminación de la violencia contra la mujer. Dos fechas que se complementan. Sin los hombres violentos no hubiesen mujeres violentadas. La violencia contra la mujer es un drama en cualquier momento, país y sector social. Los hombres son coprotagonistas.

Violencia llamada de género

Los problemas de género sexual no son solo de mujeres. Lo son también de hombres, de personas transgénero, de transexuales, de las género fluido, personas Cis, quienes a veces se sienten y actúan como hombres, otras, como mujeres. Todos y todas hemos sido criados con pautas acerca de cómo relacionarnos con los de nuestro mismo sexo y con quienes son de distinto sexo y género.

Tradicionalmente, los hombres son criados con pautas para hacerlos ver fuertes, acosadores, agresivos, inclusive, violentos. Se cree que mientras más violentos, más machos son. En correspondencia, algunas familias e instituciones educan a las mujeres para que sean sumisas, obedientes, respeten y atiendan las ordenes de los hombres que la rodean, de la pareja cuando la tengan.

Algunas mujeres son víctimas de múltiples formas de violencia por el solo de hecho de ser mujeres. Los hombres, ensimismados en el poder, se atribuyen el derecho de acosarlas, maltratarlas, golpearlas, matarlas. Ellos no nacieron así, su familia, su sociedad les inculcaron esas creencias. La violencia de género es la expresión de poder de los hombres hacia quienes consideran inferiores, despreciables. Entre ellos, hacia las mujeres que dicen amar. Pero no todos los hombres actúan de esa manera. Por eso es preferible hablar de violencia machista.

Violencia machista

La violencia machista se expresa hacia cualquier otro ser humano. Comenzando contra ellos mismos por lo severos que son los machos, también contra otros hombres que suelen ser vistos como competidores por el poder cualquiera sea el contexto. No en vano las guerras han sido históricamente asunto de hombres, como lo es hoy, el enfrentamiento entre bandas urbanas. La rudeza es cosa de hombres, de hombres machistas.

A los hombres se les enseña a reprimir los emociones. Nada de andar por allí muy alegres, tristes o con miedo. El hombre tiene que ser serio y mientras más bravo, mejor. La única emoción considerada genuinamente masculina es la rabia y su expresión a través de la violencia. La pauta social generalizada es que para ser hombre sin lugar a dudas, hay que ser valiente, arriesgado, peleón, violento. Inclusive con las mujeres. Así piensan las mentes viejas, inclusive de mujeres y varones de cualquier edad.

Violencia contra las mujeres

La violencia siempre es un peligro, pero cuando es hacia la mujer es peor. Hay millones de hombres machistas que desprecian, ofenden, ridiculizan, acosan, humillan, insultan, golpean, violan, matan a mujeres en la creencia, a veces no consciente, de que por ser mujeres solo son apreciables en cuanto le sirvan ya sea como pareja abnegada, empleada atenta, amiga simpática o complaciente.

En la contraparte, ellas pueden sufrir del síndrome de la mujer maltratada, una condición que le hace creer que ella merece ese trato, que su pareja lo hace porque la ama, que siempre será la última vez que la agrede, que acepta la agresión por amedrentamiento o por los hijos. Ese es un grave problema no solo personal, de pareja, de familia. Es un problema social y por ello le concierne a la sociedad como un todo.

Esto pareciera un discurso sobre hombres de otras épocas pero, lamentablemente, no es así. En algunos casos de violencia machista, los victimarios son jóvenes. Hay violencia en el noviazgo. Eso es muy preocupante porque a pesar de estos tiempos de liberación femenina, de las nuevas formas de masculinidad, de la apertura gay, del sexo libre y consensuado aún perduran viejos patrones machistas y no es porque sea genético sino pautas culturales muy arraigadas. Las sociedades suelen ser muy conservadoras. Sobre todo en patrones sexuales. Lo sexual asusta.

Los hombres machistas no saben de respeto, confunden amor con odio, mujer con animal, persona con objeto. Es un problema de todas las sociedades sin diferencia de sector social, nivel educativo, edad, religión, raza o cualquier otro segmento social. Es algo que se ha internalizado como parte de la cultura patriacal, falocentrista. Afortunadamente, por ser cultural es modificable y tenemos que cambiarla.

Algo que hacer

En la prevención y tratamiento de la violencia hacia la mujer hay que dirigirse y atender a los hombres. Por supuesto, a los machistas. No basta con leyes, que ellas denuncien, las autoridades procedan –si es que lo hacen– en forma persecutoria. Casi todo eso ha demostrado ser ineficaz. Mientras no logremos hacer a esos hombres nuestros aliados, que ellos modifiquen su pensamiento y conducta machista, el problema persistirá. Es cuestión de educación y reeducación.

Como parte de las soluciones hay que abolir la impunidad machista. Los acusados no pueden salir airosos por complacencia de leyes y jueces. En todas las sociedades hay una tendencia a exculpar a los hombres en casos de violencia contra las mujeres. La comunidad, los medios de comunicación, los jueces y hasta juezas suelen estar permeados de machismo. Comencemos por ese cambio mientras se logra el otro a más largo plazo, el educativo a la población. Algo es algo.

Fuente: Efecto Cocuyo