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Datos del COVID-19: ¿neutrales en cuanto a género?

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A medida que las personas en todo el mundo continúan enfrentando los efectos del COVID-19, las instituciones académicas y los encargados de formular políticas gubernamentales están recurriendo, más que nunca, a los datos para comprender el alcance de la crisis, anticipar su propagación y formular decisiones políticas, sin embargo, podemos observar que no siempre son objetivos y/o neutrales en cuanto a género.

Un ejemplo de datos en tiempo real y de alta calidad, es el panel del COVID-19 de la Universidad Johns Hopkins, cuyo uso se ha expandido como un recurso de datos a medida que la crisis crece. Dado que los formuladores de políticas y los expertos dependen de estos recursos, es crucial comprender cuál información se captura y cuál no, ya que tomar decisiones con datos incompletos o defectuosos tiene enormes consecuencias.

Los datos no son neutrales

Si bien los datos, como concepto, pueden parecer imparciales, la realidad es que los datos que recopilamos y utilizamos son un reflejo de poder y prioridad. Siempre hay un sesgo inherente en la recopilación y el análisis de la evidencia cuantitativa y, a menudo, esta termina siendo todo menos objetiva.

Los datos se seleccionan dentro de un contexto cultural específico, y cuando no se recopilan suficientes tipos de datos, perdemos la granularidad necesaria para interpretarlos correctamente. En el peor de los casos, la información incorrecta o malinterpretada puede conducir a una toma desacertada de decisiones.

Desde la perspectiva sobre el uso de datos para la toma de decisiones informada, de Development Gateway (DG) -Organismo Internacional No Gubernamental-, la necesidad más urgente de datos actuales es la de aquellos desagregados por sexo. Comprender la tasa de mortalidad e infección del coronavirus en hombres y mujeres expone vacíos de datos y nos conduce hacia soluciones más efectivas. Por ejemplo:

  • COVID-19 afecta a los hombres más severamente que a las mujeres. Un científico comentó: “Ser hombre es un factor de riesgo” de igual magnitud para el coronavirus como ser viejo”.
  • En un informe de la Organización Mundial de la Salud que analizó más de 74,000 casos, el 60% de los pacientes con COVID-19 que murieron eran hombres.
  • Algunos expertos especulan que los factores de riesgo conocidos de COVID-19, incluidas las afecciones preexistentes, el alcoholismo y el tabaquismo, afectan desproporcionadamente a los hombres.

Sin embargo, el tablero de la Universidad Johns Hopkins no muestra el incremento del riesgo asociado con el simple hecho de ser hombre. Esto no es culpa de los diseñadores, que incluirían datos desagregados por género si existieran. Pero muchos países y jurisdicciones, incluyendo Estados Unidos, no requieren datos desagregados por sexo y, por lo tanto, no los recopilan de manera uniforme.

Sin recopilar sistemáticamente datos desglosados por género sobre quién está infectado o quién se ha sometido a la prueba, los expertos no pueden explicar por qué ser hombre es un factor de riesgo para COVID-19.

En el futuro, los expertos podrán lograr una comprensión completa del virus, las tasas de infección, la mortalidad de casos e incluso los aspectos de género de la enfermedad. Pero para los tomadores de decisiones que trabajan para detener la propagación y priorizar las necesidades urgentes, se necesitan datos confiables y precisos en tiempo real.

Datos de género: más allá de COVID-19

La falta de datos de género se extiende a la investigación en el campo de la medicina, y la falta de estudios sobre las mujeres puede conducir a peores resultados de salud. Por ejemplo:

  • Los hombres constituyen la gran mayoría de los participantes en ensayos de investigación médica. Entre 1998 y 2000, las mujeres representaron solo el 22% de los ensayos iniciales a pequeña escala de seguridad para las nuevas solicitudes de medicamentos presentadas a la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos.
  • Las mujeres tienen más probabilidades de morir de ataques cardíacos cuando son tratadas por un médico hombre, en parte debido al hecho de que las mujeres y los hombres experimentan síntomas diferentes, por lo que muchos médicos, e incluso pacientes, tienen menos probabilidades de reconocer los ataques cardíacos en las mujeres.

Hasta ahora, los ensayos de vacunas y tratamiento del COVID-19 enfrentan retos similares con esta desagregación de datos. El Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas está realizando ensayos de vacunas en 45 adultos, pero no está analizando los resultados por género, citando un tamaño de muestra pequeño.

Sin embargo, como DG aprendió a través del trabajo con Global Affairs Canada (GAC), los analistas de datos necesitan información desagregada por género, incluso en muestras pequeñas, porque luego pueden combinar datos de múltiples estudios para un análisis posterior. Con GAC, DG desarrolló una metodología para agregar datos de género a nivel de proyecto para comprender su impacto más amplio en las mujeres y las niñas.

Impactos sociales a largo plazo en las mujeres

La recopilación de datos en relación con los impactos en la salud es importante, pero también es crucial recopilar datos sobre los impactos sociales para comprender cómo una crisis puede exacerbar las inequidades existentes. Está claro que las mujeres llevan una carga significativa de los impactos sociales del virus.

  • Los trabajadores de la salud, de los cuales, el 67% en todo el mundo son mujeres, no solo tienen más probabilidades de contraer el virus, sino que también tienen más probabilidades de contraer casos graves o fatales.
  • Los trabajadores de la salud y los socorristas enfrentan escasez crónica de equipos de protección personal (PPE).
  • Incluso cuando está disponible, el PPE generalmente está diseñado para hombres. El tamaño incorrecto significa que las mujeres tienen más probabilidades de estar expuestas debido a un PPE suelto o deformado.

Existe una creciente preocupación de que los impactos sociales y económicos de la pandemia serán sentidos de manera desproporcionada por las mujeres a largo plazo. El Banco Mundial informa que “las desigualdades de género se agravarán durante y después de la pandemia” y que “las ganancias en la acumulación de capital humano, empoderamiento económico, voz y agencia de mujeres y niñas, construida minuciosamente durante las últimas décadas, se invertirán”.

Las mujeres ya han sufrido los peores impactos de los despidos, el cierre de escuelas y el aumento de la violencia doméstica.

Un camino hacia adelante

Si bien no es perfecto, estamos viendo cambios lentos hacia una mejor recopilación de datos en la Respuesta Digital al COVID-19. Por ejemplo:

  • Johnson & Johnson se ha comprometido a desglosar sus datos de ensayos en humanos.
  • ONU Mujeres creó un panel de datos para proporcionar información actualizada sobre los casos de COVID-19 por edad y género.
  • Open Data Watch ha creado recientemente un sitio web de recursos que incluye las mejores prácticas y directrices sobre la recopilación de datos sensibles al género durante el COVID-19.

Los encargados de la toma de decisiones deberían formular políticas utilizando datos en tiempo real de alta calidad. Sin embargo, existe una falta de coincidencia entre los datos neutrales en cuanto al género y la capacidad de lograr un camino hacia adelante sensible al género.

Para mejorar los resultados de salud del COVID-19, debemos exigir colectivamente que las mujeres se incluyan en los estudios de investigación y que los datos se desglosen por género, ya sea que los científicos estén midiendo cómo reaccionan los cuerpos de las mujeres y los hombres a las enfermedades o si están midiendo la longitud adecuada de un traje de protección contra productos peligrosos.

Fuente: BID