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Menstruar en pandemia: Pobreza menstrual

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En pandemia se hace más difícil acceder a insumos como toallitas, tampones y copitas y la crisis económica lleva a las familias a destinar los recursos a otras áreas que se consideran prioritarias, como alimentación. A esto se suma que en el país hay lugares como Petorca, donde mujeres ni siquiera tienen acceso a agua para poder mantener su higiene. De hecho, resultados preliminares de un estudio que está realizando Mujeres Modatima (Movimiento de Defensa del Agua, la Tierra y la Protección del Medioambiente) dan cuenta de un aumento en infecciones urinarias y problemas asociados a la salud menstrual en niñas y adolescentes de ese lugar. Por lo pronto, se logró que las cajas de alimentos del Gobierno sumen preservativos y toallas higiénicas.

Todo esto se relaciona con la llamada “pobreza menstrual”, concepto que se refiere a la falta de acceso a productos sanitarios, educación sobre higiene menstrual, inodoros, instalaciones para lavarse las manos y gestión de residuos. Pobreza menstrual hay en todo el mundo. Son miles las niñas que deben recurrir a fajos de papel y telas a falta de mejores opciones y, debido a esto, son muchas las que se ausentan del colegio en su periodo menstrual.

“La pobreza menstrual afecta la capacidad de las mujeres para participar con plenitud en sus actividades diarias, deportivas o de ocio”, ha dicho Emma Abbot, directora de la Fundación Free Period en Inglaterra y coordinadora del proyecto Red Box, que pretende entregar productos para la menstruación en los colegios. Actualmente, el único país que garantiza el acceso gratuito a productos sanitarios relacionados con la menstruación es Escocia, que a principios de este año aprobó la ley Free Period (periodo gratuito o libre).

En enero, la Cámara de diputados y diputadas envió una solicitud para que el Presidente envíe un proyecto de ley que inste a la distribución gratuita de productos de higiene menstrual en colegios públicos, centros de salud públicos, cárceles, albergues y a personas que viven en la calle. El documento, que no se ha materializado en un proyecto, añade que se consideren productos que causen el menos impacto posible en el medio ambiente, como es el caso de las copas menstruales.

Pero lo cierto es que no se trata solo de los productos e infraestructura. Según Chris Bobel, autora del libro El cuerpo gestionado: El desarrollo de niñas y la salud menstrual en el hemisferio sur, la clave está en el acceso a la información. “La educación y la lucha contra el estigma deberían ser las principales prioridades”, dijo en una entrevista.

En esa línea, la matrona Valentina Hormazábal afirma que lo ideal sería la existencia de una ley de educación sexual integral que incorporara el acceso universal garantizado a todas las mujeres y personas menstruantes del país a una educación profunda de su ciclo y artículos básicos.

Por lo pronto, la carencia de políticas públicas ha impulsado a matronas, ginecólogas y organizaciones feministas a difundir información valiosa por redes sociales, incorporar atenciones virtuales, realizar ecografías de urgencia sin necesidad de orden médica y a hacer campañas para reunir y repartir artículos de higiene menstrual a quienes más los necesitan.