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Reflexión sobre la sororidad: POR ESTA MISMA RAZÓN

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En esta oportunidad quiero  compartir con ustedes, un texto que nos proporcionó Isabel Zerpa, nuestra colaboradora y compañera en nuestras preocupaciones y luchas. Ella, en estas palabras realiza un trabajo introspectivo y se acerca a una reflexión relacionada con la sororidad y las experiencias de las mujeres.

Por esta misma razón, porque la tristeza está a la vuelta de la esquina. Porque el dolor ha amarrado mis manos, mis tobillos y mi vientre, porque no todo lo que brilla es oro, porque muchas veces he visto arrebatar luces propias para encender candiles ajenos y porque además, día a día compruebo con certeza que camino sobre una larga alfombra de cristales rotos y muy puntiagudos. 

Por esta misma razón. Porque el sortilegio de mi pies ligeros e imperfectos, levita en los caminos que me ha tocado transitar, sobre calles empedradas, sobre alfombras engañosas, sobre la tierra mojada, bajo noches de luna llena y cielos estrellados o bajo un sol incandescente, o en la penumbra total del abandono y la soledad. 

Por esta misma razón. Porque la vida es corta y queramos o no, en ocasiones, nos envuelven los cantos de sirena y su melodía nos atrae, nos arrulla y nos convence y nos creemos todo lo que las sirenas nos dicen hasta descubrir que la mentira es la reina y la señora, “vanidad de vanidades”…

Por esta misma razón y porque el daño no es eterno y el ungüento de las palabras sabias de algunas mujeres me han sanado y con este ungüento, yo he intentado “sanar” una vez que otra, de vez en cuando y de cuando en vez, a otras mujeres, y lo digo con mucho respeto y responsabilidad.

Por esta misma razón no me abandono a navegar en el mar de mis propias lágrimas, porque el naufragio no me permitiría acompañarlas, porque no podría avanzar hacia el puerto seguro de la empatía, y no podría ponerme en sus zapatos, en sus sandalias, en sus pies, en sus vestidos, en las trenzas de sus cabellos, en su propia piel. 

Por esta misma razón intento comprender cómo somos y por qué tantas veces, las mujeres, lejos de apoyarnos, nos maltratamos y competimos deslealmente entre nosotras mismas. No sé si algún día entenderé las razones y una vez entendidas, termine aceptándolas. No lo sé realmente… 

Por esta misma razón y porque es necesario tejer redes, muchas redes donde atrapar y deshilvanar nuestras historias, porque las historias que se comparten, ayudan a curar las heridas cuando hay verdadero deseo de curación, no sólo de la curación propia, sino de la curación de las otras, deseo de nuestra curación compartida.

Por esta misma razón, de vez en cuando y de cuando en vez, cuento cuentos, invento y acaricio historias. Pero sobre todo, me aferro a las palabras y formo a las narradoras orales para  que  tomen conciencia del derecho a la palabra y defiendan su derecho de ejercerla.

Por esta misma razón, tomo la palabra para  recrear la vida, para alimentar esos espacios que están a punto de extinción en nuestra sociedad, donde la comunicación real se va quedando a un lado para dar prioridad  a la toma de contacto. Este contacto se pierde en un vacío inconmensurable.

Por esta misma razón, porque la crisis socio económica le pone el antifaz  y el disfraz a la crisis verdadera. Disfrazamos minuto a minuto nuestra crisis moral y nuestro deterioro espiritual y emocional y,  en estos ámbitos, las mujeres y las niñas forman parte de la población de mayor vulnerabilidad.

Por esta misma razón, seguiré alimentando estos espacios tan importantes para las mujeres y las niñas y siempre tendré la disposición para que las políticas, las economistas, las juristas, nos complementen y sumen sus relatos, cuenten sus historias, en este camino que decidimos recorrer de esta manera, con la certeza absoluta de la necesidad de sumar, sumar cada día, aprendiendo con las luces compartidas, sin descartar las sombras que forman parte de nuestra experiencia. 

Por esta misma razón, porque la belleza de la vida no está en la luz incandescente, sino en el contraste de las luces y las sombras que vamos creando en todo lo que hacemos. Por esta única razón sigo encontrando sentido a lo que hago y seguiré viviendo buscando razones, tejiendo historias, intentando formar a la gente. Mejor dicho, corrijo: aprendiendo y desaprendiendo cada día. (IZA,2016)

La Señorita Olga